RECUERDO UNA ANÉCDOTA 

 

Mi hijo Nicolás era muy pequeño, tenía tres años y un días que yo estaba estudiando el instrumento entro a mi sala y me pidió sentarse sobre mi falda. Dejé mi bandoneón a un costado para alzarlo y compartir con él un grato momento de mañana.

De repente sus preguntas de muchas veces: - Mamá, por qué cerras los ojos cuando tocas el bandoneón?- Nunca voy a olvidar mi incógnita!.

 

Recuerdo que para ganar unos segundos de tiempo y pensar una respuesta que fuera buena para satisfacer su curiosidad le dije:

 

Nico, qué fue lo que me preguntaste? Y el repitió: Que por qué cerras tus ojos cuando tocas el bandoneón?. Me tomé tres segundos con su mirada grande y ansiosa y le dije:

- Para poder ver la música por dentro-.

Y el me dijo: - en serio?, Puedo probar?

- Claro que sí, le dije yo.

Se sentó en mi sillón , le puse el bandoneón sobre su falda, que a penas podía sostenerlo y casi tapaba su boca. Cerró los ojos, puso las manos en las correas y manipuló el teclado sacando unos sonidos. Luego de ello abrió sus ojos, me miró y me dijo:

 

sabes que tenés razón, pude ver la música por dentro.

Dejo el instrumento y corrió a jugar con alegría. ¡Cómo olvidarme de los gratos momentos junto a mi bandoneón y mis hijos.!

COMIENZOS DE CARLA ALGERI

 

Nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad para

penetrar en el bello y maravilloso mundo del saber.

Albert Einstein

 

Di mis primeros pasos con el tango a mis cuatro años, estudiando el piano y la guitarra, impulsada por mi padre. Es de la mano de él, con quien comienzo a asistir cada lunes de mi vida y por un largo período, a los ensayos de quien fuera luego mi maestro de piano, a la orquesta de uno de los referentes más importantes de este género, el don Osvaldo Pugliese.

 

«Como siempre digo, el tango ha sido mi lengua madre. En casa, cada año nuevo, a las doce de la noche, se escuchaba como un himno, los compases de “La yumba”, como símbolo de buen augurio para el año que comenzaba. Cuento siempre que cuando nací, mi padre puso en el winco de mi casa, el tango “Te quiero” en la versión de Abel Córdoba con la orquesta de Pugliese.

 

«A los cinco años, me encontré un día en el conservatorio de música de mi ciudad natal, Burzaco (provincia de Buenos Aires), con un bandoneonista apoyado con su pierna en un viejo bebedero de época, tocando ese emblemático instrumento que me cautivó para siempre. Desde ese día, con mis ojos grandes y mis pocos años, mi único sueño de infancia y durante mucho tiempo fue, tocar el bandoneón en un subte de París; algo que aun lo tengo pendiente, a pesar de haber visitado esa bella ciudad más de diez veces, pero nunca a tocar el bandoneón.

 

«Pasé toda mi adolescencia sin poder compartir el amor por mi música con ninguno de mis amigos. Sólo disfrutaba del tango con mi padre y los amigos de él. En el patio de mi casa el tango estaba presente en cada evento familiar, ya que era usual reunirse con guitarras de por medio y hacer música, cantar y bailar. Mi abuelo Sebastián, fue restaurador y músico de órganos de tubo, trabajaba en las iglesias ejecutando música académica y como barítono; y en mi familia había guitarristas y cantantes, que fueron parte de una infancia colmada de acordes populares.

 

«Pasada la adolescencia, en plena carrera de ingeniaría en la Universidad de La Plata, soy yo misma la que le hago una huelga al tango, como una rebeldía a un género que sentí que se extinguía, casi sin solución. Mi círculo tanguero era cada vez más pequeño y comenzaba a sentir hasta discriminación por el hecho de ejecutar en mi instrumento ese género que tanto amaba.

 

CARLA ALGERI

Bandoneonista

«Es el bandoneonista Alejandro Barletta, el que introduce el primer bandoneón en mi casa allá por 1986. Si bien tenía mucho interés por aprender a tocarlo, el asunto se demoró más de diez años. Es recién en 1998, después de desarrollarme en otra actividad profesional, que decido que era el momento para reconciliarme con la música y el tango, y lo haría de la mano de un instrumento que no tuviera historia en mi vida: el bandoneón.

 

«Era mi deseo que mi maestro fuera un compositor, arreglador, intérprete, director, solista y además de ello, haber tenido que ver con la música de Pugliese. Lidia, la esposa del maestro, me dio el teléfono del profesor que llenó esas expectativas, el bandoneonista Rodolfo Mederos.

 

«Luego de pensarlo y repensarlo, una mañana de mayo me decidí a llamarlo. Concretamos una cita para el martes siguiente a las once de la mañana, encuentro que se repitió durante tres años consecutivos sin cesar. Ese día, había comenzado la historia de Carla Algeri como bandoneonista, arregladora, directora, solista y con historia junto a los grandes del tango.

 

«Para desarrollarme profesionalmente transité varios caminos. Algunos llegaron a buen puerto y otros se quedaron en el intento; pero todos me dieron enseñanzas que tengo presentes a cada instante. Luego de dejar mi actividad anterior, para poder seguir costeándome los estudios de la música, con dos hijos muy pequeños bajo mis alas, colaboré con Mederos; di clases de lenguaje premusical a niños; trabajé de copista; acompañé cantantes en los lugares de tangos, algo que tuve que aprender descarnadamente.

 

«Trabajé un tiempo con la orquesta hasta que un día Mederos me dijo que debía pensar en mi propio camino. Yo en ese momento pensaba que me lo decía por decir, pero finalmente, me citó en el bar El Celta, en Sarmiento y Rodríguez Peña, y me dijo sin titubeos que debía dejar la formación y seguir mi camino. En ese mismo lugar, veinticinco años atrás, fui testigo de un hecho similar, en la misma mesa de la ochava, entre Osvaldo Pugliese y Arturo Penón, su primer bandoneón.

 

«Salí de El Celta sin trabajo, sin más experiencia que la aprendida hasta ese momento y con dos muchachitos pequeños por criar. A los pocos días, Juanjo Domínguez me invitó a grabar tres temas para los setentas años de Gardel; para mí un halago y un privilegio. Siempre le estaré agradecida. Además, recorrí las casas de tango a buscar trabajo y a acompañar cantores como podía. Tuve que aprender a tocar “a la parrilla” y comenzar a hacer oficio. Muchos compañeros me han ayudado a transitar este camino tan duro. Gracias otra vez a cada uno de ellos.

 

«Un buen día me presento en el primer certamen de orquesta de tango de la ciudad y sin siquiera imaginarme el resultado, gano —junto a mis compañeros de cuarteto— el primer premio que consistía en hacer un disco que luego, por diversas razones, se redujo a la grabación de dos temas: “Tiempos viejos”, con la voz de Eduardo Pulis, y “Sur” con Miguel Pereiro (piano) y Facundo Benavídez (contrabajo).

 

 

«Ese mismo día caminando por plaza San Martín me encuentro con una exposición de fotos donde una de ellas era un retrato mío. Hablo con quien me había fotografiado y, al otro día en persona, nos contamos la historia de aquella imagen, en el Palais de Glace.

«Él fotógrafo había obtenido un primer premio con aquella foto sacada el día del debut de la orquesta. En mi atril se veía la particella de “La alegría de encontrarte” —el primer tango que Mederos escribe para su propia formación y que me regalara para mi cumpleaños cuando aún no había orquesta—, la imagen de una mujer al pie del escenario y el concertino asomando. Había tanto de mi historia en aquella foto que hoy está en el living de mi casa.

 

«Hice un musical: Buenos Aires de Tango, que estuvo en cartel seis meses a sala llena. Con él, me fui a España y luego a Colombia, donde formé la primera orquesta de tango de Medellín y después, una escuela de bandoneones, una orquesta escuela de tango y una de música popular.

  

«En Buenos Aires, junto a mi colega Julián Hasse, armamos la presentación de Tango Patrimonio, en el tiempo record de 12 horas, para el Ministerio de Cultura y Turismo, cuyas bases recibimos dos días antes del vencimiento.

 

«En el 2010, y gracias al impulso de mis compañeros, formé mi propia orquesta típica que debutó en el Festival de Tango de la Ciudad, en agosto, que dirigí desde mi bandoneón, con Eduardo Pulis (canto), Sandra Arboleda (piano), Eduardo Tami (flauta), Rubén Jurado (viola) y Facundo Benavídez (contrabajo). Nuestro padrino artístico es el querido Roberto Mancini.

 

«Luego en el 2011 grabé mi primer disco Homenaje a los compositores almirante Brown. En el 2011 el primer disco Carla Algeri con el quinteto y la voz de Eduardo Pulis. 2013 se reeditó el mismo Cd. El 2012 grabé mo segundo disco solista Balda del Alba junto a Chico Novarro en Homenaje a él como compositor y autor con destacados músicos. 

 

Alguien me dijo una vez que la música significa cosas diferentes para diferentes personas, y a veces hasta cosas diferentes para la misma persona en diferentes momentos de su vida. Para mí la música significa todo eso. Einstein decía que "Antes de Beethoven se escribía música para lo inmediato: con Beethoven, se empieza a escribir música para la eternidad. Cuando hablo del tango como mi lengua madre sintetizo las palabras expresadas líneas arriba. Yo creo que la música tiene una “vida propia” es decir, puede trasladarse a un tiempo y a un lugar diferente, sin perder su identidad, sus orígenes territoriales; su lenguaje es común, establece, cohesiona y cumple una función dentro de la sociedad. La música guarda en sí un concepto integrador y multicultural.


 

Todos los derechos reservados, ®2014 – Carla Algeri

CARLA ALGERI

Bandoneonista